viernes, 14 de marzo de 2014

Absoluto

Decimos saber quién somos, decimos conocernos, decimos conocer a quienes nos rodean, creemos tener explicación para todo, creemos que podemos controlar nuestra vida, a veces incluso la de los demás. Si de verdad afirmamos todo eso, si de verdad te crees todas esas mentiras, te diré que estás asustado. Te diré que necesitas una certeza en tu vida, algo a lo que agarrarte para saber que es verdad, para que nadie pueda decirte que lo que piensas está mal,  algo que te haga sentir que las cosas en este mundo tienen sentido. Pero tal vez no sea así. Tal vez nada tenga sentido y te encuentres en una encrucijada que no comprendes, y ni siquiera sepas qué quieres, y ni siquiera tengas un referente para saber qué está bien y qué está mal. Pero eso no importa porque tal vez lo bonito de las cosas esté en que no tengan sentido, en que en unos casos estén bien y en otros mal, en que no las puedas encasillar, en que no puedas compararlas con nada anterior, que cada experiencia sea diferente a las anteriores, que no puedas encontrarle semejanzas, que sea algo nuevo. Algo completamente nuevo. Algo que te ponga los pelos de punta, que te asuste, algo que te haga sentir miedo, que te haga dudar, que te haga pensar que te equivocas porque así es como es la vida. Nadie tiene certeza de nada, ni siquiera de que lo que estás viviendo sea verdad y no un sueño.

Nunca terminas de conocerte del todo, nunca terminas de saber por completo quién eres y mucho menos quién son los demás. Las personas no somos libros de tinta que una vez grabada permanecen, somos todo lo contrario. Cada respiro nos cambia y ya somos diferentes. Es la razón de que no podamos tenerlo todo bajo control, porque somos altibajos constantes, no permanecemos. El cambio nos mantiene vivos. El movimiento es la vida.