lunes, 15 de diciembre de 2014

Parece que fue ayer

Llegó el día. Parece que ayer era 9 de septiembre. Parece que fue ayer cuando estaba nerviosa porque tenía que coger un avión hacia un país desconocido, con muchas cosas nuevas. Parece que fue ayer cuando llegué a Belfast International Airport con mis dos maletas que se me caían cada dos por tres. Parece que fue ayer cuando llegue a esta pequeña casita de color blanco con techos y ventanas marrones, con mi habitación en el frente. Parece que fue ayer cuando estaba preocupada por perder el taxi que me llevaría a la agencia que me había alquilado la casa, y al llegar entré por la puerta de atrás por primera vez. Parece que fue ayer cuando vi mi habitación por primera vez, deshice las maletas ordené todas mis cosas y colgué mis fotos en la pared para hacerla un poco más mía. Hace ya tres meses que cogí mi primer taxi hacia la universidad para cenar con todos los Erasmus, y dormí sola en mi casa por primera vez. Hace tres meses que conocí a toda la gente que ha hecho esta experiencia algo involvidable. Parece que fue ayer que comenzaron las dos semanas de bienvenida, que fui a Giant's Causeway y a todos esos lugares por primera vez; que cociné para mi sola en esta cocina que me encanta, que me di cuenta de por qué este país y el verde están tan asociados, que vi la preciosa ciudad de Londonderry, la gran ciudad industrial que es Belfast. Parece que fue ayer cuando estaba paseando por la playa de Castlerock y descubriendo el pequeño bosque que lleva a la parte de arriba de la colina con grandes acantilados desde donde puedes ver todo el mar. Hace no mucho estaba descubriendo Portstewart, el Anchor, la Universidad de Ulster, Bushmills o Carrickfergus. Hace no mucho estaba en Londonderry celebrando un Halloween irrepetible y esperando a que llegara mi familia para enseñarles cómo era mi vida aquí, para ver con ellos The Dark Hedges entre otros sitios. Hace no mucho estaba de camino a la destilería de Bushmills, era un día lluvioso y decidimos perdernos por la carretera. Hace no mucho estaba haciendo mi primer ensayo para una universidad extranjera.

Tengo ganas de ir a casa, ver a mi familia, a mis amigos, a mi gente. Pero sé que voy a echar esto muchísimo de menos, no sabía cuánto hasta que ha llegado el día de irme y me doy cuenta de que estas son las últimas líneas que escribo desde esta pequeña mesita detrás de la ventana desde la que puedo ver la calle a la que da mi casa. Sé que voy a echar de menos el verde por todas partes, ir al Anchor a cenar o a pasar la noche, tomar un Chai Latte de Bob & Berts, ir a esa librería que me dejó impactada desde el primer momento en que la vi, el cielo de noche cuando está despejado, la gentileza de la gente de aquí, hablar inglés a menudo, los fines de semana con mis españolitos, las noches de peli con ellos, los Supreme of Chicken, sentir que soy más independiente, las casitas de menos de tres plantas, los días de no parar, las comidas en casa. Muchas cosas.

Pero sobre todo y lo que más voy a echar de menos es a las maravillosas personas que he conocido aquí porque ellos han hecho que el estar en un país extranjero sea menos duro y que cada cosa que hemos hecho juntos se haya quedado en mi memoria guardada. Gracias a todos vosotros por ser como sois. 


martes, 11 de noviembre de 2014

Gris

Me miro al espejo y apenas me reconozco. ¿Quién es ese hombre que me mira? Pelo canoso, ojos grises, mirada perdida y bolsas. Saliva seca en la comisura de mi boca que cae en curva hacia los lados. Labios secos como el esparto. Arrugas en la frente de tanto fruncir el ceño. Barba de tres días, pero no me queda nadie a quien le importe. Miro mi camiseta interior blanca, impoluta, sin una arruga, blanca como el papel. Mis manos secas, arrugadas y entumecidas me piden un poco de crema. Las complazco mas nadie más que yo las va a tocas. Aparto mi mirada de ese espectro que no para de mirarme. Todo lo que veo en mi me vuelve loco, todo, sobre todo mi mirada, profunda y vacía. Apago las luces del jacuzzi que dejé ayer encendidas, le diré a mi mayordomo que una vez más recoja el desastre de la noche anterior. Tres botellas de champán del bueno tiradas por el suelo, agua por doquier. Y yo no recuerdo nada. Ni quiero.

Voy hacia mi cama de matrimonio (aunque es una ironía llamarla así porque nadie más que yo la ocupa cada noche), allí está mi traje perfectamente planchado. Gris claro, como el pañuelo que llevo en el bolsillo, como los calcetines, como mis ojos. Mi corbata negra, como los zapatos y el maletín, a juego con mi alma. Me enfundo en toda mi ropa. Vuelvo al baño para afeitarme y ahora hay un cambio en mi. Soy un espectro bien vestido. Me peino como hace 15 años lo llevo haciendo, hacia atrás, engominado, no como el día que la conocí a ella. 

Terminado el proceso bajo a mi cocina, a una de ellas. Allí me espera mi desayuno preparado como cada día a las nueve de la mañana. Tostadas con mantequilla y café con whisky. Necesito mi dosis de alienación desde primera hora. Miro el periódico como cada mañana, sin leer nada. Siempre es lo mismo: guerras, corrupción, muertes, crisis. Todo dinero. Maldito dinero. Es irónico que yo lo diga porque podría bañarme en billetes si quisiera, pero lo maldigo al despertar y al irme a dormir cada noche. Cada maldito día de mi existencia. 

Terminado el desayuno lo dejo todo en la mesa, alguien lo recogerá. Les pago para eso a mis diez empleados los cuales llevan trabajando para mi desde que ella se fue hace 10 años y cuyos nombres no sé ni tengo intención de aprender. Cojo mi maletín con mi tablet, mis documentos y mi teléfono dentro. Voy hacia el garaje y subo a mi coche. Mercedes clase A AMG. Uno de los tres que poseo. Se abre la puerta del garaje y cambio mi mirada perdida por una decidida y astuta, me pongo mi máscara de hierro y mi falsa sonrisa que me han acompañado hasta el día de hoy. Tengo que fingir como siempre que mi vida es perfecta, que tengo todo lo que quiero, todo lo que cualquier hombre podría soñar. Y sé cómo hacerlo. 

Sé cómo hacerlo porque una vez mi vida fue perfecta, tenía todo lo que quería. Vivía en un pequeño apartamento de 80 metros cuadrados en un pequeño barrio de una ciudad no muy grande. Conducía un Seat y en lugar de un jacuzzi tenía un plato de ducha. Pero era feliz, compartía mis alegrías con ella, con la persona que una vez me hizo sentir lleno de vida, cuando mis ojos aún eran color miel y mi boca siempre estaba completada por una sonrisa. Era feliz a pesar de que muchas veces teníamos que recortarnos para llegar a fin de mes. Cada día iba a trabajar a la empresa de mi jefe con el mismo traje. Gracias a la herencia que recibí de mis padres pude comprarme otro y a ella dos vestidos preciosos, azules como sus ojos. Cada viernes al llegar a casa ella me había preparado mi pastel de manzana favorito, me esperaba en la puerta con su delantal de cuadros rojos y sus labios color carmín. Era preciosa. Era preciosa y la perdí. 

Ahora ella sigue viviendo en nuestra pequeña casita llena de vida y yo en una mansión llena de espectros y fantasmas de mi ambición. Es lo que me hizo perderla. Un día decidí que tenía que darle una vida mejor a pesar de que ella me decía que tenía todo lo que deseaba. No la escuché. Siempre me dijo que una de las cosas que más le gustó de mi fue mi determinación, que podía conseguir lo que quisiera. Y así fue. Lo conseguí. En pocos años me convertí en el hombre más rico de la ciudad, y en unos cuantos más del país. Le podía dar cualquier cosa que me pidiera, la podía cubrir en diamantes, llevarla a cualquier lugar del planeta que quisiera. Y entonces un día se fue. Me había advertido muchas veces, en muchas ocasiones dijo que ya nunca le decía que la quería, que nunca estaba en casa con ella para compartir todo lo que teníamos, que nunca quiso todas las joyas y los coches que le regalé. Me dijo la noche que me dejó que no podía seguir con esta mentira, que había dejado de quererla, que me había enamorado locamente del dinero. Nunca pensé que la perdería. Hasta que la perdí. La perdí y nunca la volveré a tener.

Por supuesto, he estado con otras mujeres desde entonces, cada fin de semana llenan mi cama. Hacen lo que yo quiero que hagan y dicen lo que yo quiero que digan. Y con cada una de ellas yo solo la imagino a ella. Nunca se quedan la noche entera, no he dormido jamás con otra mujer. Cada noche cuando me quedo solo vuelve mi fantasma y se acuesta junto a mi. Me tomo otro whisky para dormir mejor y quemo, como cada noche, un billete de 50.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Firework

Mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, su padre le cogió la cara y miró dentro de sus pequeñitos ojos azules. ''No debes llorar'', ella vio algo diferente en su sonrisa se preguntaba qué le diría a continuación entonces él dijo: ¿Ves los fuegos artificiales? ¿Ves su reflejo en el río? ¿Ves lo alto que suben? Ella asintió, secando sus lágrimas. ''Bien'' dijo él. ''¿Verdad que tienes que levantar la cabeza para verlos?'', ''Sólo los más altos'' respondió la niña. ''Exacto, sólo lo más altos, y ¿sabes por qué? Porque son los que más brillan, son los únicos a los que la gente presta atención. Algún día tú serás el cohete más alto, por eso no debes llorar''.

El cajón

Me recojo el pelo, no quiero sentirlo en mi cara, siempre lo he odiado cuando estoy en casa. En el segundo 0:48 de la canción vuelvo al principio de la canción y mientras la escucho me acuerdo de lo mucho que he llegado a llorar con ella. ¿Por qué? Secuencias inéditas de mi cajón particular que jamás se abre. Desde que tengo uso de razón la llave no está, no existe; sólo hay una cerradura oxidada que se niega a que llave alguna entre por ella. Y es que las cosas son así, hay cosas que jamás hablarás con nadie, que jamás hablarás contigo mismo.
Todos tenemos un cajón así, un cajón de secretos donde guardamos lo peor y lo mejor de nosotros. Los más oscuros pensamientos están escondidos en un pozo sin fondo en el que a veces caemos, caemos sin cesar como una espiral que nunca acaba, pero termina, como todo, en cuanto sales del agujero eres un poco diferente un poco más tú y un poco menos tú. Un poco diferente de lo que eras ayer y un atisbo de lo que serás mañana.

Pero también hay un rincón para las cosas buenas, las que nunca dirás porque es como desnudar tu alma al mundo, cosas que no te gusta siquiera admitirte a ti mismo. Las cosas más puras que puedes llegar a sentir están en la punta de la hoja más alta del árbol que talló el cajón. Son como luciérnagas, las más brillantes que jamás hayas visto, las que el mundo nunca verá porque son tuyas, tuyas y de nadie más. 

A veces querrías abrir el cajón, subir con la polea lo peor de ti, arrancar cada hoja y regalarla a su respectivo dueño, pero no hay nada que puedas hacer, no hay llave, no sabes si alguna vez ha existido. O tal vez sí.

sábado, 25 de octubre de 2014

White Moon

El camino aquella noche se hizo un poco más largo, había bajado en la misma parada de metro  de siempre pero parecía que el viento no quisiera que llegara a casa aquel día. La empujaba un poco a cada paso. Mecía su cuerpo de un lado a otro, como si fuera un barco de papel. A la deriva, perdido en una noche de tormenta.

Había luna, pero la noche era tan oscura como las lágrimas que recorrían su rostro. Era una luna tenue, débil, amarillenta, apagada. Era difícil ver, o eso le parecía a ella. Sentía como si se hubiera levantado después de dormir demasiadas horas, con los ojos entrecerrados. Sin embargo no sentía el alivio que se siente cuando se está en la cama, entre las sábanas, con el brazo de algún hombre rodeándole el cuello.

Al contrario, se sentía infinitamente cansada, y el maldito viento frenando sus pies no hacía más que empeorarlo. Tenía que llegar a casa, sus hijos la estaban esperando. El hecho de pensar en ellos hizo que la sangre contaminada se acelerara en su corriente sanguíneo e inició una marcha mucho más ligera. Debía ir rápido, debía correr pero era imposible, su cuerpo hacía horas que ya no era suyo.

Había pasado casi un día entero desde que se había ido de casa; pero no era nada extraño, esta era una de las tantas veces que lo había hecho. La noche siguiente de sus escapadas, cada luna después de que el fantasma de ella volviera a atravesar la puerta de casa, les prometía a los dos ángeles que la miraban con ojos profundos que no volvería a suceder, que jamás se volvería a ir, que jamás la tendrían que volver a ver perdida de ese modo, con su cuerpo en medio del salón y su cabeza en otro lugar que no sabría describir.

Le decía al mayor que jamás debería volver a secar las lágrimas de su hermana, y a su pequeña princesa que al día siguiente sería ella quien le prepararía la cena y no su hermano. Cada noche  la misma historia, cada noche las mismas mentiras que tristemente ella misma se creía. Cada noche un nuevo cuento en el que había un final feliz que parecía que siempre iba a llegar pero para que para sus hijos nunca llegaba.

Por un momento se acordó del rostro de decepción de su hijo, de la cara de su pequeña que a pesar de su temprana edad ya no se creía las mentiras de su madre como antes. Entonces sintió un ligero zumbido, una sola vibración en su cabeza que irónicamente fue tan sutil y efímera como un pinchazo, como una exhalación. Las rodillas se le doblaron y todo lo que le turbaba la mente empezó a girar como un huracán destruyendo lo poco que quedaba de ella a su paso.

Una vez en el suelo, boca arriba y con las pupilas dilatadas, miró a la luna llena, lo que le recordó a las cinco pastillas que se había tomado aquella noche. Se dejó ir, sabía que aquella píldora luminosa había acabado con ella, que sería lo último que vería en su vida. Una negra lágrima quiso correr por su mejilla, pero su cuerpo no le volvió a responder jamás.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Tenerife Sea

Suena la guitarra y me doy cuenta de que hace mucho tiempo que no hago esto, que no hablo conmigo misma, que no escribo y no dejo todos esos pensamientos salir. Es todo muy nuevo, todo tiene un nuevo color aquí, el verde sin duda alguna. Sí, todo es muy nuevo, me atrevería a decir que hasta primitivo, más sencillo, más fácil. Aquí, en tan solo dos meses me he dado cuenta de muchas cosas. Me doy cuenta de que puedo ser mucho más independiente de lo que pensaba respecto a valerme por mi misma, pero (dicen que todo lo que va antes del "pero" no cuenta), a la vez dependo mucho de la gente que me rodea, necesito a mi familia, a mis amigos, a mi gente conmigo. Sin embargo, es cuestión de tiempo, la cuenta atrás está en marcha y no me queda mucho que estar aquí, lo quiero y lo voy a disfrutar.

Aquí me he dado cuenta de que las cosas pueden ser mucho más sencillas de lo que solía pensar, de que solo necesito parar y contar hasta diez, detenerme, reflexionar y seguir hacia delante, de que los problemas no se solucionan por más que les des vueltas a menos que los afrontes y eso solo lo puede hacer uno mismo, no importa con cuanta gente intentes desahogarte, no por ello van a desaparecer. Me doy cuenta de que soy un poco más fuerte y un poco más débil de lo que pensaba, de que tal vez no soy tan dura como quiero (hacer) creer y que tal vez soy algo mejor de lo que solía pensar, más fuerte en algunos sentidos. Me doy cuenta de que necesitaba este cambio, de verdad que sí. Me doy cuenta de que una canción te puede cambiar el estado de ánimo en cuestión de 4:01 minutos y de que podría pasarme escuchándola toda la noche, no porque me recuerde a nadie, no porque con ella me sienta como en casa; esta canción es de aquí, me acordaré de mis meses aquí cuando la escuche y me transmite paz. Me he dado cuenta de que hay mil días grises, de que no para de llover y mi cristal está siempre empañado por el frío, pero de esto mismo he aprendido que en los lugares mas grises crecen las cosas más bellas y que después de cada lluvia solo tienes que pintar un par de colores en el cielo; de que lo gris no tiene por qué ser peor que un cielo despejado. Siento que podría estar aquí todo el tiempo del mundo y a la vez que este fin de semana me iría a casa. Siento muchas cosas, todas buenas por lo que parece. Sin saber cómo este lugar, o puede que la experiencia en sí me haya enseñado ya algo: que todo es lo complicado que lo quieras hacer, y descubro que mi mayor preocupación de hoy era quedarme un ratito más en la ducha, con el agua caliente, viendo mi reflejo en el cristal y pensado en nada, en absolutamente nada, solo en el agua corriendo por mi cuerpo.

viernes, 8 de agosto de 2014

Farewells

That afternoon you realize that there is just one month left. In one month you won't be at home anymore and it will all begin. From some point of view, a month may seem lot of time, there is plenty of time in fact, but you know the change won't begin that day that seems to be so far but so close at the same time. That afternoon, with your music turned up, you just realize that it has already begun, that time is already running out. You can do nothing but start with your farewells. 

Some day, I will say good-bye to the place where I have been for the whole summer. I will say good-bye to the beach, to the running water around me, to the sand in my feet, to the taste of salt on my skin, I will say good-bye to the sun tanning me, because the sun there is very different for sure. I will let there all the stories I have read this summer, trying to keep every single action in my mind, I guess I will forget them for a while but then, some day in the near future they will come to my mind again.

Some day nearer to my departure I will be at home, prepearing everything for this new experience. And I know these days are going to be equally exciting and sad. I would be such a fool if I didn't admit all the things I am going to miss these couple of months abroad. I am going to miss my family, talking to my parents during the lunch and their hug whenever they think I am feeling miserable, or just the simple hug that comes from their hearts, or that look that is saying "I love you" without needing words; my mum coming to my room at some moment asking me what I am doing, I am going to miss her smile, her speech when I need it the most, our really close relation, talking to her about everything, being my mother and my friend at the same time. I am going to miss my dad, his green eyes, how he can make me laugh in my sadest day, his happy spirit that always cheers me up, the summer days working with him. I will miss them telling me the truth even if it hurts. I will miss (even he may not believe it) my little brother, I will miss arguing with him, doing things together, his sensitiveness, the way he tries to hide his beautiful heart as I always have done, the way we are when we are together, it doesn't matter if it is not always perfect. I am even going to miss my dog coming to the door of my car, saying hello, asking for my attention, being scared all the time because he is a little coward; I am going to miss my cats looking at me like 'Hey! Feed me now!' with their wide green eyes, how they make me chase them for a little in order touch them, how they call me sometimes. I am going to miss my room, full of my things, my books full of my stories, my room full of my photographs, of my memories, full of me. I am going to miss the feeling of belonging somewhere.

I am going to miss my friends, the possibility of seeing them whenever I feel like it, our little talks about the foolest things, the way they know how to take the best of me, the way my little princess knows how to comfort me and put some reason in my mind; the way my little neighbour knows how to talk with me about everything; the way my little brown-haired girl knows how to put some serenity on me; the way the girl with asiatic features knows how to make me laugh. I am going to miss their support, the sound of their laughs, their smile on their lovely faces.

However, it is not as bad as it might seem, I don't know what it is coming in this new country, I don't the kind of people I will meet there, how my life is going to be, how it is going to change. In fact I just know that it is going to be a experience that I will never forget, and in some time I will be really happy there, I will be more independet, I will become more adult, I will be speaking a new language, knowing a new culture, and I am sure that I will love it all. 

And the least expected day I will be coming back, I will be with all of them again, and everyting will be the same, as if I have never left, as if I have always been with them because my heart is full of you all. It is full of my united family, my dear friends, this blue point on the screen of my computer and these green eyes, and my funny and "partier" classmates. I will be miles away but I am taking each one of you with me.


martes, 6 de mayo de 2014

Falsedad

Bienvenidos a mi mundo, un circo, un espectáculo veneciano, un baile de máscaras, un teatro. ¿Bonito no? Pues siento decir que no lo es. Éste es un espectáculo para el que no todos están preparados, ya que nunca sabes quién hay detrás de esa máscara, detrás del maquillaje puede haber una persona completamente diferente a la que conoces. Te hacen creer que no estás solo haciéndote ver que estás rodeado de gente, pero ¿está toda esa gente ahí realmente? En cuanto encuentren otro eje entorno al cual girar desaparecerán, siempre con su máscara para no revelar su identidad. Entonces te verás sola en medio de un foco de luz que no apunta a ninguna parte, es como si no hubiera nadie, a lo lejos oyes las voces de los que hace poco pululaban a tu alrededor. Puede que sea malo sentirse solo, pero verdaderamente es mejor así porque ya no sé si de verdad hay alguien detrás de las máscaras o si es simplemente un alma errante con sed de vida, y no seré yo a quién se la quite. Así que huye antes de que vuelvan, con sus falsas risas, sus mentiras y sus fracasos y penas con ellos, huye mientras puedas, porque son como sanguijuelas que se agarrarán a ti y no te soltarán hasta obtener la última gota de tu ser. Libérate, sal corriendo, porque para cuando acabe la función habrá un vestido vacío y una máscara sin un rostro al que esconder. ¿Dejarás que sea el tuyo?

martes, 22 de abril de 2014

Normalidad

"Un día de repente te das cuenta". No sé cuántas veces habré escuchado esa maldita frase. Mil, al menos. Y la habré escrito y utilizado mil y una, al menos. Pero lo cierto es que no es verdad. Un día de repente (no) te das cuenta.

La verdad es que lo sabes, la verdad es que está en tu cabeza, sin siquiera saberlo le das vueltas, y te fijas, y tal vez no te das cuenta, o no te quieres dar cuenta. Las cosas están ahí, y no es que de repente te des cuenta, es que tú ya lo sabías pero un día, por alguna razón que desconozco, nuestra cabeza decide darnos el aviso, hacer que nos fijemos en esos detalles que antes no habíamos visto.

Por ejemplo, esas máscaras venecianas que hay colgadas en la pared del pilar blanco que está justo en frente de la entrada grande de mi casa, y al lado el medio sol y la media luna; medias partes de un todo. También ese efecto óptico que se produce cuando cierro la ventana de la habitación de mi hermano y que te deja ver desde dentro lo que hay fuera. La colocación en pirámide descendiente de los libros que siempre ordeno así, de forma inconsciente. 

Un día simplemente no es que te des cuenta de estas cosas. No es que te des cuenta de que está sonando en la radio una de tus canciones favoritas y que hace años que sin saber por qué no escuchabas, no es que no sepas que tienes clavadas en tu corcho las cartas que te han escrito tus amigas y tu hermano, no es que no sepas lo que dicen esas letras; no es que no te hayas dado cuenta de que todas las mañanas tienes el vaso que te gusta para el café limpio (cortesía de tu madre); no es que no te hayas dado cuenta de que cada día al despertarte, sin importar qué hora sea o a qué hora te acostaste, coges tus auriculares rosas dejados la noche anterior en tu escritorio, y pones a sonar en aleatorio tu móvil; no es que no te hayas dado cuenta de que en unos meses no estarás sentada en la cama de tu habitación, sino que estarás a kilómetros de casa, probablemente escribiendo una nueva entrada en tu blog. 

No es que no te hayas dado cuenta de estas cosas, y no es que un día de repente te des cuenta. Ni mucho menos. No somos tan ingenuos. Nos damos cuenta, es solo que un día te fijas, dejas de hacer ese detalle parte de tu rutina, y lo conviertes en algo extraordinario (en el buen o en el mal sentido de la palabra). Es que un día, te levantas diferente y algo que considerabas normal deja de serlo. 

viernes, 14 de marzo de 2014

Absoluto

Decimos saber quién somos, decimos conocernos, decimos conocer a quienes nos rodean, creemos tener explicación para todo, creemos que podemos controlar nuestra vida, a veces incluso la de los demás. Si de verdad afirmamos todo eso, si de verdad te crees todas esas mentiras, te diré que estás asustado. Te diré que necesitas una certeza en tu vida, algo a lo que agarrarte para saber que es verdad, para que nadie pueda decirte que lo que piensas está mal,  algo que te haga sentir que las cosas en este mundo tienen sentido. Pero tal vez no sea así. Tal vez nada tenga sentido y te encuentres en una encrucijada que no comprendes, y ni siquiera sepas qué quieres, y ni siquiera tengas un referente para saber qué está bien y qué está mal. Pero eso no importa porque tal vez lo bonito de las cosas esté en que no tengan sentido, en que en unos casos estén bien y en otros mal, en que no las puedas encasillar, en que no puedas compararlas con nada anterior, que cada experiencia sea diferente a las anteriores, que no puedas encontrarle semejanzas, que sea algo nuevo. Algo completamente nuevo. Algo que te ponga los pelos de punta, que te asuste, algo que te haga sentir miedo, que te haga dudar, que te haga pensar que te equivocas porque así es como es la vida. Nadie tiene certeza de nada, ni siquiera de que lo que estás viviendo sea verdad y no un sueño.

Nunca terminas de conocerte del todo, nunca terminas de saber por completo quién eres y mucho menos quién son los demás. Las personas no somos libros de tinta que una vez grabada permanecen, somos todo lo contrario. Cada respiro nos cambia y ya somos diferentes. Es la razón de que no podamos tenerlo todo bajo control, porque somos altibajos constantes, no permanecemos. El cambio nos mantiene vivos. El movimiento es la vida.

jueves, 27 de febrero de 2014

¿Objetivo conseguido?

Alicante, 6 de la mañana, suena tu despertador y te pones en pie. Entras a las nueve a clase y el trayecto de casa a la universidad no te lleva más que veinte minutos en coche, pero tú necesitas esa “media horita de nada” para arreglarte. Las ojeras de la fiesta que te pegaste este fin de semana te llegan a los tobillos, pero tienes que ir mona a la uni, eso es algo ineludible. 6.15, has perdido 15 minutos sin saber cómo, abres tu armario y te topas con el olor que más te gusta en el mundo ¿rosas? ¿Ese olor que te deja tu novio cuando se va? No, olor a ropa nueva, está claro. Contemplas toda tu ropa, cuelgan varias etiquetas lo que te condiciona a elegir esas prendas porque tus “coleguis” aún no te las han visto, y si podemos no repetir modelito mejor que mejor. Te decantas por la camisa rosa de corazones que tu amiga dijo que eran tan “cuqui” y que acto seguido compraste. ¿Qué puedo combinar con esto? Y ya son las 6.25, al final coges unos jeans oscuros. Te vas al baño y toca el ritual de embadurnamiento. Paso uno, borrar esas ojeras más moradas que las berenjenas. Paso dos, raya al ojo como si fueras una copia de Cleopatra, hasta las modas más arcaicas vuelven. Paso tres, robarle los mofletes a Heidi y pestañicas arriba. Ya estás lista, ahora falta alisarse el pelo y son nada más y nada menos que las 7, porque mientras te arreglas has enviado una Snapchat a tu amiga del alma para que vea lo mona que vas hoy y os habéis liado con un par de fotos más. Pero ¡oh dios mío! ¡Se te ha olvidado elegir la chaqueta y los complementos! 7.30 porque te ha costado una vida entera decidir entre el anillo de Tous con ositos incrustados rosas o el anillo de Tous con ositos incrustados plateados. El dilema de tu vida, sin duda. Vuelta a las planchas, pierdes una “media horita” más y ya son las 8. Ves que tu habitación está hecha una leonera porque has tenido que sacar todas las prendas para poder elegir y viéndolas todas ahí de nuevo “¿De verdad iré bien con esto?” ¿Cómo vas a irte de casa con semejante duda? Así que te pruebas todos los posibles modelitos (con su respectiva foto en Instagram) para al final terminar con el original. 8.40, y aún tienes que pasar a recoger a tu amiga la cual te ha estado llamando, pero estando enfrascada en tan laboriosa e importante tarea obviamente ni si quiera te has enterado. ¿Resultado de la mañana? No has desayunado, tus peces están al borde de la muerte porque no los alimentas, tu amiga está enfadadísima porque llega tarde a una práctica, pero tú vas monísima oye, ya lo decía la canción: antes muerta que sencilla.

martes, 18 de febrero de 2014

Almas

-Y ¿ahora qué? ¿Qué viene ahora? 
-Ahora viene lo peor.

No lo entendió, no entendió qué querían decir sus palabras, qué había cambiado, por qué la sentía tan lejos cuando apenas estaban a un metro de distancia. No podía adivinar qué había borrado la sonrisa de la que se había enamorado. Sus ojos chocolate estaban un poco más apagados, un poco menos vivos y ya no veía a través de ellos como antes, ya no podía saber qué pensaba con solo mirarla y entonces, en ese preciso momento supo que la había perdido. Se dio cuenta que en ese instante empezaba su nueva vida, una vida errante. Y la echó de menos.
Pero antes de partir quiso mirarla a los ojos una vez más, quiso penetrar en sus pupilas. Quiso saber si para ella todo había sido una mentira. De repente estaban hablando sin articular palabra.
<<Me acuerdo del primer día que me besaste ¿sabes? Tuve miedo...pero desde ahí todo fue rodado. No dejo de preguntarme qué decía aquella señora de cabello negro, sí, la que estaba en la habitación de al lado en el hotel de Italia. En la habitación 205. Eran las 4 de la mañana y no paraba de reirme como una loca. Recuerdo cómo solías hacerme reír y reía hasta llorar. Y luego te besaba y luego nos reíamos juntos hasta que nos apagábamos poco a poco como todas las velas que nos iluminaron aquel 7 de enero. Creía que se me habrían gastado los besos por aquel entonces porque de verdad que te los dí todos. Todos y cada uno de mis besos. Cuando despuntaron los primeros rayos de sol y rozaron mi cara me dí cuenta de que no se habían gastado. Y de que por muchos que te diera, cada día de mi vida fabricaría más para dártelos todos. Para dártelos todos y cada uno a ti. Y ¿te acuerdas de cuando nos peleamos la primera vez? Yo también me rio de lo destructivos que podíamos llegar a ser el uno con el otro. Y de cómo sabía reconstruirte luego. Igual que tú a mi. Y sentía como si nada hubiera existido antes, porque en ese momento éramos tú y yo, fénix, con la diferencia de que no eres tú quien se autocrea y se autodestruye. Yo te hacía a cenizas y ardía en tu fuego, y luego gracias al otro renacíamos. ¿Cómo no lo voy a recordar? Te recordaré siempre. Siempre.>>
Y supo que era un adiós. Un adiós como su última palabra indicaba, para siempre. No volvieron a hablar, simplemente se miraron y se despidieron a su manera. Ambos se giraron, se dieron la espalda. A ambos les rodaron lágrimas por las mejillas. Y ambos susurraron algo que solo ellos mismos oyeron: Te quiero.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Humanidad

Se halla en la oscuridad. El cielo está raso, pero hoy no brillan las estrellas. Las calles están desiertas y solo le acompaña la luna. La luna, sola, al igual que él. Camina. Despacio. Buscando algo a lo que sabe que sus pasos no le van a llevar, ni tampoco el poco dinero que porta en su bolsillo. Algo de lo que carecía desde hacía mucho, algo que le había sido arrebatado sin motivo aparente. Algo llamado libertad.

Apenas puede cerrar sus agarrotadas manos y el aliento se le congela. Siente que la nariz le arde y sus ojos están llorosos. Su pelo está húmedo y un incesante temblor recorre su cuerpo. Sus labios cortados ya solo pueden permanecer abiertos. Casi no siente los pies, y cada avance es un infierno helado. Sus pensamientos y su vista están nublados, pero sigue adelante.

Se asoma a la esquina. Vacío. Avanza hacia la nada y solo hay silencio. Un temible silencio. Y de repente oye la causa de esa ciudad fantasma, aunque él ya lo sabía. Precisamente por eso está ahí, no teme a esos atronadores y devastadores sonidos, teme a las personas. Gritos, un coche, y se mete en el primer callejón. Ha faltado poco, debe ser más prudente porque un solo descuido, uno solo y todo lo que ha pasado no habría servido para nada. 

Pasan las horas y es todo lo sigiloso que puede, aunque en el silencio cualquier cosa es suficiente para alterar el orden. Cruza la calle, el hedor le golpea y se enfrenta con una imagen que últimamente ha visto demasiado. Y no lo puede evitar, no puede levantar una vez más ese muro a su cabeza y a su corazón para hacerse más fuerte como ha hecho otras veces. Es demasiado. Es inhumano. Recuerda a todos los demás, a los suyos, cómo era feliz hace no tanto tiempo, cómo jugaba con sus hermanos en el jardín de su casa, cómo sonreía su madre al verle llegar, cómo podía relajarse cada tarde después de sus lecciones de piano. Los recuerdos le abruman, y un hilo helado corre por su mejilla, congelando su corazón. Ve toda su vida pasar por delante de sus ojos. E imagina la vida de todas esas personas, puede imaginárselos antes de su funesto final y no puede entender qué puede llevar a una persona a hacer tanto daño a sus semejantes. Simplemente no le encuentra explicación. Esta es una sola confirmación más, una razón más que apoya su pérdida de fe en la humanidad.

Todo este proceso a penas le lleva unos segundos, aunque para él es un mundo, el principio y el fin de su mundo. Tan solo baja la guardia por un momento y un solo momento basta para cambiar por completo la situación. Porque ahora alguien está junto a él, ahora ya no se ve la luna, solo hay oscuridad y unos ojos que se clavan en su espalda. Se gira, sin miedo, porque sabe que es su hora, sabe que ha bajado la guardia y sabe lo que eso significa. Los dos hombres se miran. Clavan sus ojos en los del otro. Enemigo. Pueden ver lo que está pensando el rostro de enfrente. El extraño, con su arma en la mano, vacila, al igual que él, tiene miedo. Pero ¿miedo de qué? Él no lleva más que un par de monedas y una foto consigo. Así que, ¿por qué debería temer? Sin embargo hay mucho por lo que temer, porque sabe que no estaría haciendo lo correcto si hace lo que se supone que debe hacer, porque ve en ese chico indefenso un reflejo de sí mismo, porque sabe que no son tan diferentes, porque en el fondo, muy en el fondo, por debajo de todos los prejuicios, de todos los discursos, de toda la palabrería, está su verdadero yo y sabe en ese mismo momento que no quiere hacerlo. 

Es muy curioso que a veces sin conocer a la otra persona simplemente sabemos lo que nos quiere decir, con una mirada, un simple cruce de nuestras vistas y podemos ver lo que hay en su mente. Y ellos lo supieron, él supo que no le iba a disparar, el soldado supo lo que el chico había pasado aquella noche, bajó su arma, la tiró al suelo y la sombra del muchacho desapareció en el siguiente callejón. Ambos sabían que no eran amigos. Es más, jamás reconocerían que se habían visto, ni lo que allí, al lado de aquella floristería con los cristales rotos había pasado, solo sabían que aquella noche no serían enemigos.

Perfect Sense

"Y así es como la oscuridad descendió sobre el mundo. Ahora está oscuro. Pero sienten el aliento del otro. Y saben todo lo que necesitan saber. Se besan. Y sienten las lágrimas del otro en sus mejillas. Y si quedara alguien que pudiera verlos, se verían como amantes normales. Acariciándose los rostros. Con los cuerpos juntos. Ojos cerrados. Ajenos al mundo a su alrededor. Porque así es como la vida continúa. Simplemente así."

viernes, 7 de febrero de 2014

Reflexiones para no dormir

Que lo único que importe sea lo que se ve, lo finito, lo que no resta para siempre. Que lo que más se valore sea lo que entra por las pupilas antes que por el corazón. Nos morimos por una cara bonita, por un cuerpo diez, no pensamos en que un día todo eso se marchitara y nos quedará simplemente aquello que nunca valoramos, aquello que nunca nos paramos a mirar. Algo que sin su precioso envoltorio ya no es nada. Tarde para darte cuenta de lo que has perdido, tarde para arrepentirse porque ya no hay tiempo, lo has agotado y ahora todo lo que un día amaste o creíste amar te es irreconocible. 

Me parece triste, como poco.

Philologists

 Esta es una entrada diferente, una entrada que no trata solo de mi, sino que tiene un pedacito de todas estas personas. Todas estas personas que hace un año y medio eran (excepto una) desconocidas para mí. Con estas 14 personas comparto ahora el día a día, y qué día a día. 

Puede que no fuera desde el principio de los principios, que pensáramos cosas equivocadas los unos de los otros, pero al fin y al cabo aquí estamos los 14, los Filólogos, los ''partiers'', con viajes, planes de futuro, fiestas juntos, fines de semana de locura, Arenales Shore, Secrets Santa, Woki Mokis, juernes para dar y regalar, risas en todo momento y todo lo que ya sabéis.

Nos quedan aún más de 2 años de carrera para disfrutarlos sólo como nosotros sabemos y no se me ocurre mejor compañía que vosotros para pasarlos :)

Sois muy grandes todos y cada uno de vosotros, personas increíbles y nunca pensé que siendo tan diferentes podríamos encajar tan bien. Gracias por el día a día a vuestro lado. Como ya os he dicho muchas veces, para mí la clase sois vosotros aunque seáis más que compañeros de clase. Love you all guys!





martes, 4 de febrero de 2014

Y mientras otros dan clase...

Me atraen infinitamente las cosas que son más de lo que parecen. Ver una foto, una imagen y descubrir no solo lo que ves a primera vista, sino que detrás, apoyada en el sofá, está esa chaqueta rosa que tanto me gustaba. Darte cuenta por la posición de nuestros cuerpos de la complicidad que había entre nosotras, ver en nuestras caras que lo sabíamos todo la una de la otra y no necesitábamos más que una mirada para saber lo que le pasaba a la otra. Poder palpar, sólo a través de la cuartilla con una imagen, el ambiente de ese momento, y volver al instante en que estabas delante de la cámara y alguien pulsaba el botón, el instante que quisiste guardar, ese momento único que nunca se volverá a repetir.

Lo mismo me ocurre con las canciones, que son un pozo sin fondo, al igual que los libros y sus historias. Lo bueno de las canciones es que son constantes flechazos, te enamoras al instante, te cautivan su ritmo o la voz de quien la canta, y no digo que no esté bien pero lo que me encanta de las canciones es la letra, lo que dicen, su mensaje. Las canciones son engañosas o así las hacemos nosotros, creemos que una canción de amor debe tener una melodía dulce y una de desamor debe ser desgarradora pero no es así. Esta es una de las cosas que más me gusta, descubrir que bajo un ritmo despreocupado hay toda una declaración de amor, un mensaje. Una canción que parece no decir nada dice más de lo que parece decir. Poder hablar a través de la música y que una melodía cuente tu historia sin siquiera haber sido escrita por ti.

Y después están las historias de libros, que te enamoran poco a poco. Un día te metes en mundo que no es el tuyo, y puede que al principio no te guste y que lo juzgues mal pero mientras lo lees te das cuenta de que te gusta más de lo que pensabas. Conoces a los personajes y el ambiente en que se mueven. Te transportas a la Edad Media, o al futuro, sitios en los que jamás has estado y que al final acaban siendo tuyos. Terminas por sufrir con las personas del libro e incluso te alegras cuando ellos son felices. A veces hasta te viene la nostalgia cuando terminas una historia, pero en la ficción, como en la vida, todo tiene un final, un final que debemos aceptar.

Es lo bueno y lo malo de estas cosas, estas cosas que parecen insignificantes, un trozo de papel con una imagen, una melodía y un montón de páginas encuadernadas. Puedes ver tantas cosas tuyas en ellos, hablan sin decir nada, crean historias y algunos te marcan para siempre.

viernes, 31 de enero de 2014

Mentiras

Dicen que una buena retirada a tiempo es una victoria. Retirarse jamás puede ser una victoria, renunciar nunca puede llevar al éxito, jamás te puede llevar a lo que quieres. Retirarse es negarse el futuro que te esperaba, es vetar ese camino que está por descubrir, renunciar; no dar esperanzas a los deseos, a los sueños. Retirarse es como decir adiós a algo que nunca tuviste y a algo que nunca tendrás. Es ser un cobarde, no tener el coraje de enfrentar los obstáculos que se te presentan y que te hacen crecer, es no querer plantar cara, no rebelarse contra lo impuesto, es ser estático. Aceptar lo que te ha tocado y no intentar hacer lo que de verdad quieres, dejarse pisotear, dejar que algo llamado ''destino'' controle tu vida. Renunciar es como clavarte una estaca al corazón y sentenciarte antes del juicio. 

Retirarte puede librarte del dolor por un tiempo, pero ese dolor volverá y traerá consigo la duda, la maldita duda de ''¿y si...?'' Así que ¿cómo va a ser bueno retirarse? Es imposible, es un bulo, una falsa luz muy brillante que luego se paga y arrasa con todo.

''Una buena retirada a tiempo es una victoria'', esta, y otras mentiras de la humanidad utilizadas para encubrir nuestros miedos y nuestra desgana, nuestra pasividad. Algo que nos quiere hacer parecer sabios cuando rendirte es lo más estúpido que puedes hacer.

lunes, 27 de enero de 2014

Cambios

La vida, muchas veces me pregunto qué es la vida. ¿Cuál es el resultado? Que nunca encuentro una respuesta que se adecue a todo lo que pienso sobre ella. Y ¿qué es lo único que sé de la vida? Lo único que sé de la vida es una frase que digo mucho últimamente, que ''la vida me escupe en la cara''. No tiene por qué ser en el mal sentido aunque lo parezca. Simplemente es manera, muy sutil, cómo no, de decir que nunca deja de sorprenderme. Es mi forma de hallarme incrédula la mayor parte del tiempo, como en un estado permanente de ¿en serio? Porque acabo haciendo cosas que jamás pensé que haría, y dejando de hacer cosas que solía hacer. O pensar. O decir. Descubro que me gustan cosas que nunca pensé que podrían ser de mi agrado, o incluso cosas que antes no me gustaban.

Así que esto es la vida, un viaje que no acaba, en el que te redescubres cada día. Un camino en el que no eres el mismo que eras ayer, ni el mismo que serás mañana. Todo cambia, cambia continuamente. A veces me gusta esta sensación porque me libra de la monotonía, pero otras me veo metida en una espiral sin fin que me abruma. Pero supongo que así es la vida, a veces horrorosamente complicada y en ocasiones absurdamente sencilla. Todo es cuestión de cómo se lo plantee cada uno. Del espejo por el que mires tu camino, todo es cuestión del pensamiento propio, de cómo quieras tomarte el que ''la vida te escupa en la cara''.

martes, 21 de enero de 2014

Dicotomías

En ese mismo momento te das cuenta de quién eres. Es una pregunta a la que habías estado intentando responder tiempo atrás, pero la verdad es que ya lo sabías, estuvo claro desde el principio. Todo lo que has vivido, todo lo que has pasado, cada decisión errónea, cada acierto te han llevado a lo que eres hoy. 

Cada lágrima que lloraste, cada vez que pensaste que no saldrías del pozo, cada vez que tropezaste con la misma piedra, cada vez que creíste que no podías más, cada vez que te rendiste, cada vez que te dijeron que no podrías hacerlo.

Pero también todas las veces que sonreíste, todas las que te levantaste por más que te cayeras, cada vez que aprendiste de tus errores, todas las veces que volviste a intentarlo, y todas y cada una de las veces que demostraste que podías con eso y mucho más. Todas las veces que luchaste por tus sueños, que no te dejaste llevar por lo que dirán, que seguiste tu instinto. 

Todo lo bueno, todo lo malo, todo lo que te hace aprender, ser más fuerte, abrir el corazón. Todo lo que forma parte de lo que eres ahora. Y todo lo que queda por formar parte de ti.

miércoles, 8 de enero de 2014

A veces, a ratos, sólo de vez en cuando

¿Dónde está mi inspiración? Porque tengo mil cosas en la cabeza, y algo les impide salir. ¿Dónde están mis pensamientos? Parece que cuando los busco se van. ¿Dónde están mis sentimientos? Cuando parece que los encuentro se esconden detrás de ese muro inexpugnable. ¿Dónde está mi voz? Ese hilo de voz que empieza pero antes de empezar se apaga. 

Bien, esa no soy yo. No soy yo todo el tiempo. Sólo a veces. Sólo a ratos. Sólo de vez en cuando. Puede que a veces no sepa qué decir, puede que a veces no diga lo que os gustaría oír, pero las palabras salen del corazón. A veces para bien, a ratos para mal. Mis pensamientos, aunque a veces confusos están ahí, donde tienen que estar, firmes, siguiendo la filosofía de mi vida. Mi voz, como siempre, últimamente más que nunca, es contundente, un torrente, a veces dulce, a ratos no tanto. 

Y mis sentimientos...bien, mis sentimientos siguen detrás del muro, porque son como una selva. Una selva oscura, a la que es difícil acceder, y de la que es difícil salir. Ni yo misma sé qué siento a veces. Ni yo misma puedo explicarlos, porque a ratos, de vez en cuando, no los entiendo. Para mí son como un libro de tinta invisible, sé que están ahí, sé lo intensos que son, lo fuertemente grabados que están en las páginas, pero no los veo. Sin embargo, poco a poco los adivino, y me van fascinando cada vez más. Y la selva oscura de la entrada ya no lo es tanto, pero hay que entrar. Y no es fácil. Incluso a veces, a ratos, a mí me da miedo, pero una vez dentro es lo mejor que he visto, y las letras invisibles se ven muy claras. De repente lo sé todo. A veces, a ratos, sólo de vez en cuando me pierdo. Me pierdo en la propia selva de mis propios sentimientos, así que no os culpo, ¿qué queréis saber de mí si apenas yo sé? Apenas yo sé. Y supongo que por eso rehuyo a veces de las explicaciones, porque no siempre las puedo dar, porque para mi las cosas son así, y de verdad que me gustaría poder hacerlo ver, qué digo, la mayoría del tiempo me da igual. Sólo a veces, sólo a ratos, sólo de vez en cuando me gustaría que me entendieran.