martes, 22 de abril de 2014

Normalidad

"Un día de repente te das cuenta". No sé cuántas veces habré escuchado esa maldita frase. Mil, al menos. Y la habré escrito y utilizado mil y una, al menos. Pero lo cierto es que no es verdad. Un día de repente (no) te das cuenta.

La verdad es que lo sabes, la verdad es que está en tu cabeza, sin siquiera saberlo le das vueltas, y te fijas, y tal vez no te das cuenta, o no te quieres dar cuenta. Las cosas están ahí, y no es que de repente te des cuenta, es que tú ya lo sabías pero un día, por alguna razón que desconozco, nuestra cabeza decide darnos el aviso, hacer que nos fijemos en esos detalles que antes no habíamos visto.

Por ejemplo, esas máscaras venecianas que hay colgadas en la pared del pilar blanco que está justo en frente de la entrada grande de mi casa, y al lado el medio sol y la media luna; medias partes de un todo. También ese efecto óptico que se produce cuando cierro la ventana de la habitación de mi hermano y que te deja ver desde dentro lo que hay fuera. La colocación en pirámide descendiente de los libros que siempre ordeno así, de forma inconsciente. 

Un día simplemente no es que te des cuenta de estas cosas. No es que te des cuenta de que está sonando en la radio una de tus canciones favoritas y que hace años que sin saber por qué no escuchabas, no es que no sepas que tienes clavadas en tu corcho las cartas que te han escrito tus amigas y tu hermano, no es que no sepas lo que dicen esas letras; no es que no te hayas dado cuenta de que todas las mañanas tienes el vaso que te gusta para el café limpio (cortesía de tu madre); no es que no te hayas dado cuenta de que cada día al despertarte, sin importar qué hora sea o a qué hora te acostaste, coges tus auriculares rosas dejados la noche anterior en tu escritorio, y pones a sonar en aleatorio tu móvil; no es que no te hayas dado cuenta de que en unos meses no estarás sentada en la cama de tu habitación, sino que estarás a kilómetros de casa, probablemente escribiendo una nueva entrada en tu blog. 

No es que no te hayas dado cuenta de estas cosas, y no es que un día de repente te des cuenta. Ni mucho menos. No somos tan ingenuos. Nos damos cuenta, es solo que un día te fijas, dejas de hacer ese detalle parte de tu rutina, y lo conviertes en algo extraordinario (en el buen o en el mal sentido de la palabra). Es que un día, te levantas diferente y algo que considerabas normal deja de serlo. 

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