Me atraen infinitamente las cosas que son más de lo que parecen. Ver una foto, una imagen y descubrir no solo lo que ves a primera vista, sino que detrás, apoyada en el sofá, está esa chaqueta rosa que tanto me gustaba. Darte cuenta por la posición de nuestros cuerpos de la complicidad que había entre nosotras, ver en nuestras caras que lo sabíamos todo la una de la otra y no necesitábamos más que una mirada para saber lo que le pasaba a la otra. Poder palpar, sólo a través de la cuartilla con una imagen, el ambiente de ese momento, y volver al instante en que estabas delante de la cámara y alguien pulsaba el botón, el instante que quisiste guardar, ese momento único que nunca se volverá a repetir.
Lo mismo me ocurre con las canciones, que son un pozo sin fondo, al igual que los libros y sus historias. Lo bueno de las canciones es que son constantes flechazos, te enamoras al instante, te cautivan su ritmo o la voz de quien la canta, y no digo que no esté bien pero lo que me encanta de las canciones es la letra, lo que dicen, su mensaje. Las canciones son engañosas o así las hacemos nosotros, creemos que una canción de amor debe tener una melodía dulce y una de desamor debe ser desgarradora pero no es así. Esta es una de las cosas que más me gusta, descubrir que bajo un ritmo despreocupado hay toda una declaración de amor, un mensaje. Una canción que parece no decir nada dice más de lo que parece decir. Poder hablar a través de la música y que una melodía cuente tu historia sin siquiera haber sido escrita por ti.
Y después están las historias de libros, que te enamoran poco a poco. Un día te metes en mundo que no es el tuyo, y puede que al principio no te guste y que lo juzgues mal pero mientras lo lees te das cuenta de que te gusta más de lo que pensabas. Conoces a los personajes y el ambiente en que se mueven. Te transportas a la Edad Media, o al futuro, sitios en los que jamás has estado y que al final acaban siendo tuyos. Terminas por sufrir con las personas del libro e incluso te alegras cuando ellos son felices. A veces hasta te viene la nostalgia cuando terminas una historia, pero en la ficción, como en la vida, todo tiene un final, un final que debemos aceptar.
Es lo bueno y lo malo de estas cosas, estas cosas que parecen insignificantes, un trozo de papel con una imagen, una melodía y un montón de páginas encuadernadas. Puedes ver tantas cosas tuyas en ellos, hablan sin decir nada, crean historias y algunos te marcan para siempre.
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