Puede que no hable mucho de mí pero es solo una de las mil maneras que tengo de protegerme. No me gusta exponerme, ni decir lo que siento, a veces simplemente no sirve de nada. A veces salva un mundo, a veces destruye el propio y el secreto está en intentar adivinar, en saber entrever qué mundo caerá: el de ahí fuera o el tuyo. Nada está claro. Nada está dicho hasta que se dice. Nada es sentido hasta que lo demuestras.
Sólo hace falta decisión, arriesgar un poco de ti y tal vez, algún día, todo lo que a veces no servía de nada, sirva de algo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario