martes, 17 de diciembre de 2013

Reducciones

El mundo es un lugar hostil. Es algo que vas aprendiendo poco a poco, día tras día. Hay que saber cuidarse, más bien cuidarlo. Es tan fuerte y a la vez tan frágil. Te mueve, te hace sentir, te mantiene con vida y puede matarte. Pero también puede quedarse en el limbo. En movimiento y parado a la vez. Con el pulso bajo, pero sin sentido. Como cuando estás en la oscuridad, y sabes que estás ahí, que sigues ahí, pero no ves nada.

 Por mucho que veas las cosas, ¿existen realmente si no las sientes? Si al pasar el tiempo caen en el olvido, ¿han existido? ¿Las has vivido? Para haber vivido necesitas algo más que una simple imagen en tu cabeza, algo más que una simple foto en un cajón. Hay que recordarlo todo. Incluso el aroma que había en ese momento, incluso si tu piel estaba erizada, incluso lo que pensabas, incluso la sensación que tenías, incluso si fue esperado o inesperado, incluso la canción que sonaba y que cada vez que escuchas te transporta a ese día, incluso lo que conllevo ese momento. Todo. Cada detalle que hizo especial ese momento debe estar en ti. En algo más que en una foto. En algo más que en la memoria.

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